

















Hace un tiempo que me inquietan los palieres de los edificios porteños de noche. La textura y la belleza del mal gusto, los veladores encendidos echando luz sobre livings de mentira que nunca nadie usará. Zonas oscuras que se escapan por ascensores y escaleras a las entrañas de un edificio que no se deja ver. Pretensión decorativa y estilo que se desvanece en la falta de criterio. Me capturan los detalles de estas zonas liberadas pero privadas. Lugares de transito obligatorio y estares momentáneos.

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